Garabatos de Mi Vida

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Tiempo

Posted on August 5, 2014 at 9:20 AM

Vivo en una ciudad donde la gente carece de tiempo, todo el tiempo.

 

Para los que conocen Nueva York y Conocen Tel Aviv sabrán que estas dos ciudades no son muy diferentes una de la otra en cuestiones de corredera y estrés. Y carezco tanto de este preciado tiempo que les escribo esta entrada desde mi puesto de trabajo ya que no podía esperar a tener un rato libre después de mis horas laborales: pues ya estoy muy cansada.

 

Añádele la guerra al estrés del trabajo, el movimiento y la falta de sueño. Así como suena de dramático así suele ser en ciertas ocasiones sin embargo el ambiente no da lugar para detenerse a llorar, dramatizar y auto compadecerse.

 

Si hay algo que he aprendido de los Israelíes es que el mundo se puede estar cayendo y pueden tronar miles de misiles en el cielo lanzados por el grupo terrorista de Hamas, pero no hay tiempo. Tiempo para darle el placer a quienes intentan demonizarnos ni a las circunstancias que intentan derrumbarnos para llorar y darles a los demás deleite de nuestro dolor. No hay tiempo para hacer todo durante el día y por eso la ciudad nunca duerme las 24 horas. La vida sigue y la poca cantidad de tiempo que nos queda para respirar es para eso mismo: seguir respirando.

 

Si hay otra cosa que he aprendido de los Israelís en la vida cotidiana, es que en algunas ocasiones la diplomacia es para los tontos de doble cara que solo intentan decir cientos de declaraciones con palabras bonitas y no todos llegan a tomarlas en serio o llegan a ser claras. Si bien es cierto que para algunas cosas se atrapan más moscas con miel, en otras NO HAY TIEMPO para darle rodeos a las ideas y se necesita ir directo al punto. A veces resulta que las cosas se mueven más rápido en lugares donde hay más burocracia cuando se es un tanto cabrón que cuando se es dulce. NO HAY TIEMPO.

 

Y luego estoy yo: Mexicana de nacimiento, Panameña de toda la vida e Israelí desde hace dos años. Como combinar el calor latino y la frescura de regalarse unos minutos más de los necesarios en este lugar de locura? Me estoy acordando de lo que una muy buena amiga y tremenda artista me dijo la última vez que me encontraba en Panamá: Detente. Cuanto más fuerte sea la guerra,la tensión y el modo automático de correr sin parar, detente a mirar y veras como cambia tu vida.

 

Y esto fue lo que hice: me atreví a detenerme en el momento menos esperado. Mire a mi alrededor mientras cruzaba una intersección saliendo del trabajo. Vi que había un viejito con pinta de turista que miraba a una joven de unos 18 años vestida en su uniforme de soldado, con una admiración inmensa y hasta parecía que le decía gracias con la mirada por arriesgar su vida para proteger al resto de los civiles, su familia y todos los judíos que se encontraban en el planeta tierra de la amenaza radical de ciertas unidades terroristas y antisemitas.

 

Mire que habían unos religiosos bailando en la mitad de la calle con una música a todo volumen y les regalaban a las personas que pasaban pequeños panfletos de salmos para rezar por los jóvenes que les tocaba arriesgar su vida en esta guerra tan terrible para que nosotros pudiéramos no añadir más estrés a toda nuestra rutina cotidiana. Habían unas chicas etíopes riendo mientras se subían a un bus y había una chica árabe con su hijab bien puesto que conversaba muy tranquila con otra chica secular Israelí mientras cruzaban por la misma intersección que yo. Observé el atardecer que me ofrecía un espectáculo que era ignorado por el resto de las personas ocupadas y por un segundo me olvide que que estamos en una guerra, de que las sirenas que nos avisan que debemos de correr al bunker suenan inesperadamente y que hasta el sonido de las motocicletas pueden sobresaltar a cualquiera que no esta acostumbrado a este tipo de situaciones.

 

Y luego pensé que si bien es cierto que la guerra no es bonita, si uno se detiene puede llegar a ver su belleza cuando une a todo un pueblo para protegerse los unos a los otros como si se conocieran de toda la vida y hace que los vecinos se hagan amigos cuando corren todos juntos al refugio.

 

Las circunstancias, el tiempo y la visión que tengamos de la vida es relativo al sentido que le queramos dar a todas estas cosas. No hay tiempo para llorar y la vida sigue, pero tiene que haber tiempo para detenerse y apreciar los pequeños detalles de la vida que pueden hacer la diferencia...



Categories: Lo que ronda por mi cabeza...

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